Convocamos una concentración porque nace de un profundo malestar ampliamente compartido:
1 /la imposibilidad de acceder a una vivienda, la expulsión de las vecinas y los vecinos de sus barrios, el cierre de los comercios locales,
2 / la explotación de los trabajadores y las trabajadoras de esta ciudad turística,
3 / el abuso sistemático a inquilinas e inquilinos con precios y contratos imposibles,
4 / la rabia de ver cómo nos arrebatan la ciudad y nuestros lazos de vecindad.
No deseamos una situación , de colapso turístico y rentismo carroñero,
No deseamos el expolio de nuestra costa como ocurre en otras zonas del estado No deseamos Turistas de borrachera No queremos Turismo depredador
Pero todo lo que señalamos no es un fenómeno meteorológico, no surge por generación espontánea, es el resultado de un modelo planificado para explotar y, a la vez, expulsar a su vecindad.
El uso residencial de una ciudad está concebido para que la gente viva, pueda pasear, descansar, comprar botones, barras de pan o una llave inglesa, así como para acudir a un centro de salud, una biblioteca de barrio o un centro cultural. Y, también, es donde la vida se desparrama en el espacio, donde nos reunimos, reímos y fantaseamos, donde surge la vecindad.
Esto, hoy, nos lo han arrebatado; resulta imposible porque el uso residencial ha sido sustituido irregularmente por el de hospedaje, porque el modelo de ciudad rentista se mantiene con los alquileres abusivos e impagables de los inquilinas e inquilinos explotados, y porque en esa ciudad no tiene cabida la vecindad.
Pero hemos dicho basta.