Autor: Sindicato Inquilinas e Vivenda

Carta a los diputados

Este martes en el Congreso de los Diputados se vota la admisión a trámite de la Iniciativa Legislativa Popular para la dación en pago con efecto retroactivo, la paralización de los desahucios y la promoción del alquiler social. Las entidades promotoras de la ILP hemos conseguido un total de 1.402.854 firmas, lo que evidencia un clamor ciudadano para cambiar la legislación hipotecaria y poner fin al drama de miles de familias que se ven abocadas a la calle, sin vivienda y con una deuda de por vida.

La votación de la ILP para la dación en pago coincidirá con la votación de otra ILP, en este caso por la regulación de la fiesta de los toros como bien de interés cultural, que según parece si será tomada en consideración –con menos de la mitad de firmas-. Este martes veremos qué prioridades son las que muestran tener los partidos políticos de este país. Consideramos que supondría un grave insulto a la democracia que el Congreso ni tan sólo tomara en consideración una demanda ciudadana con un apoyo tan amplio, muy superior incluso al número de votos que tienen algunos partidos con representación en el Congreso. Nos preguntamos para que sirven entonces las iniciativas legislativas populares y el requisito de recoger un mínimo de 500.000 firmas, si el Congreso puede rechazar sin considerar un texto que triplica esta cifra.

Según datos del Consejo General del Poder Judicial, entre 2007 y el tercer trimestre de 2012 se han producido más de 400.000 ejecuciones hipotecarias en el Estado Español. Las Comunidades Autónomas que tienen el triste honor de encabezar el ranking de desahucios son Andalucía (con 81.160), Cataluña (79.043) y el País Valenciano (77.435).

Desde el principio de la crisis se han producido en el Estado español más de 400.000 desahucios
Las familias afectadas por estos desahucios pertenecen a los sectores sociales más castigados por la crisis: las personas que han perdido el trabajo. Por otro lado, a la pérdida del empleo y de la vivienda se suma una consecuencia totalmente inesperada y de efectos muy graves: en el estado español el procedimiento de ejecución hipotecaria prevé que, en caso de impago, la entidad financiera pueda adjudicarse la vivienda por el 60% de su valor de tasación, y seguir reclamando el resto de la deuda pendiente –más intereses y costos judiciales- tanto a la persona afectada como a aquellos que la hayan avalado.

Así, mientras que las entidades financieras, en gran medida responsables de la actual crisis económica, reciben miles de millones de euros en ayudas públicas, las familias con hipotecas impagables siguen abocadas a la exclusión social.

Hoy, día en el que el Congreso votará la aceptación a trámite de la ILP por la dación en pago, no acaba nada. Al contrario, sigue la lucha para garantizar el derecho a la vivienda en nuestro país. Una vivienda digna es un elemento indispensable para garantizar el libre y correcto desarrollo de cualquier persona de nuestra sociedad. Se trata de un derecho necesario para poder ejercer otros, como el derecho al trabajo. No poder disfrutar de una vivienda digna y adecuada a las necesidades de cada persona o familia es un factor de riesgo de cara a la exclusión social. A pesar de ello, la vivienda, a menudo, no se ha considerado un derecho, y si un negocio más por la libre especulación.

Pedimos a los 350 diputados del Congreso que voten hoy a favor de admitir a trámite la ILP por la dación en pago y el alquiler social. Por respeto democrático al millón y medio de ciudadanos que les han dado su apoyo y por respeto a las 400.000 familias que ya han perdido su vivienda.

Josep Maria Álvarez, Secretario General de UGT Catalunya

Ada Colau, Portavoz de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca

Joan Carles Gallego, Secretario General de CC OO Catalunya

Jordi Giró, Presidente de la Confederació d’Associacions Veïnals de Catalunya (CONFAVC)

Àngels Guiteras, Presidenta de la Taula del Tercer Sector Social de Catalunya

Vanesa Valiño, Directora del Observatorio DESC

ASEMBLEA PERSOAS AFECTADAS E COLABORADORAS

A PAH convoca unha asemblea de persoas afectadas e colaboradoras para o día 9 de febreiro ás 19h no local de FOGA (rúa Aguia 5 – Zona Doblada, Vigo). Precisamos axuda para a difusión da próxima mobilización do día 16 de febreiro (pegada de carteis, reparto de panfletos e difusión telemática).

Acode!

16F Polo dereito a vivenda

Polo dereito á vivenda. Contra o xenocidio financeiro, sinalamos aos responsables e esiximos dación en pagamento retroactiva, aluguer social e stop desafiuzamentos xa!

Hoxe continuamos camiñando para defender e esixir o dereito á vivenda, un dereito fundamental sistematicamente vulnerado no noso país. As Plataformas de Afectados pola Hipoteca denunciamos a situación dramática á que se condena a vivir miles de familias que non poden pagar a hipoteca ou o aluguer, que se ven desafiuzadas ou ameazadas de desafiuzamento, vítimas dunha estafa hipotecaria, da vulneración extrema do dereito á vivenda por parte das entidades financeiras, avaladas polos gobernos correspondentes.

420.000 execucións hipotecarias no Estado os últimos seis anos e 220.000 desafiuzamentos son sinxelamente intolerables.

Fronte aos abusos das entidades financeiras -responsables da crise actual-e a complicidade do goberno, que lles dá cobertura cunha lei inxusta coa que toda a resposabilidad recae sobre a parte máis vulnerable, ao mesmo tempo que ese mesmo goberno destina miles de millóns de euros en axudas públicas á banca sen ningún tipo de contraprestación, as PAHs e a cidadanía mobilizada defendemos o dereito á vivenda, e puxemos enriba da mesa as solucións para rematar con esta estafa. Porque non ten sentido que os bancos acumulen miles de pisos baleiros mentres miles de familias quedan na rúa.

O 16 F saímos ás rúas polo dereito á vivenda, porque o xenocidio financeiro ten os días contados. Porque os dereitos humanos non se negocian

Si se Pode!

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Ada Colau entrevista

EntrevistaAdaColau from Seccionabierta on Vimeo.

Ada Colau, de la PAH Barcelona: “La hipoteca es la forma de extorsión y de esclavitud perfecta”

Ada Colau, actualmente portavoz de la PAH de Barcelona y una de sus fundadoras, acaba de publicar el libro ‘Vidas hipotecadas’, en el cual analiza el problema de la vivienda y la historia del movimiento. Ya a la venta en catalán, la versión en castellano estará disponible a partir del próximo mes de junio.

La PAH comenzó a ser conocida a partir de mayo del año pasado, gracias al 15-M, pero, ¿cómo nace la organización?

La plataforma surgió en Barcelona hace mas de 3 años, a finales de 2009, y la fundamos gente que veníamos de movimientos como ‘V de Vivienda’. En seguida intentamos visibilizar el tema de la deuda hipotecaria y el de los desalojos. En un principio nos centramos en la dación en pago porque el proceso de ejecución hipotecaria, con la saturación que hay en los juzgados, tarda entre uno y dos años, por lo que lo primero fue las ejecuciones hipotecarias. Cuando comenzaron a llegar los desalojos arrancamos con la campaña ‘Stop Desahucios’, en noviembre de 2010. Esa campaña paró el primer desalojo, que grabamos en vídeo, el cual empezó a circular mucho por la red.

Y eso hizo que las iniciativas se extendieran…

Sí, ahora parece normal parar desalojos, pero para gente que no está politizada es muy complicado dar el paso y salir públicamente a contar su problema, con el añadido del fuerte estigma social que supone el desahucio en una sociedad individualista, donde todo el mundo sufre sus penas en soledad y escondido. Salir y decirlo no es fácil. Necesitábamos un imaginario para que la gente se lanzase a dar el paso, y por eso grabamos el primer desalojo.

¿Y qué supuso la aparición del 15-M?

Con la llegada del 15-M, se disparó aún más este imaginario. Vino a decir que juntos podemos cambiar las cosas, no tienes por qué sufrir en soledad tus problemas, no es una vergüenza lo que te está pasando. Fue tan importante el imaginario como la red de solidaridad. El 15-M pasó a movilizar a miles de personas. El 15-M amplificó la lucha y cuanto más se extiende una lucha más se legitima.Las asambleas de barrio en este tema son vitales. Puntualmente nos podemos desplazar para parar un desahucio, pero como es una cosa tan dramáticamente cotidiana, las redes tienen que ser lo más próximas posible, para que esto funcione de forma estable y sostenible. El 15-M ha sido clave en este sentido.

Cuando una persona es desahuciada es habitual oír que la culpa es suya, por haber firmado la hipoteca. ¿Qué hay de cierto en eso?

Lo primero que respondería es que la gente afectada no renuncia a asumir parte de su responsabilidad. El problema está en que la única que está asumiéndola, e incluso más de la que le toca, es precisamente la gente afectada. Es decir, ya es suficiente perder la propiedad de la vivienda, pero que además tengas que quedarte con una deuda de por vida y en la calle mientras la vivienda se queda vacía, no es de recibo. El del banco y el de las personas afectadas son dos niveles de responsabilidad distintos.Además de todo eso, hay que recordar en qué situación se firmaron esas hipotecas, donde no es verdad que existiera una libertad para firmarlas. Era un contexto en el cual había políticas públicas muy agresivas que incentivaban el acceso a la vivienda a través de la hipoteca. Fiscalmente desgravaba la compra, no el alquiler, estaba liberalizado el mercado del crédito y por tanto los bancos podían prestar todo el dinero que quisieran, como quisieran y a quien quisieran, porque el alquiler no era una alternativa real.De hecho, estamos entre los países donde el alquiler es más inestable, ya que a los cinco años te pueden echar, te pueden triplicar el precio, etc. Cualquiera que quiera hacer un plan tan legítimo como es hacer un plan de vida estable, formar un hogar, evidentemente no quiere al cabo de cinco años tener que trasladarse con todo. Entonces, en esas condiciones, decir que tú libremente elegiste comprar una vivienda no es del todo cierto.

¿Los poderes públicos han contribuido a esta situación?

Hay que recordar que la ministra de Vivienda salía constantemente en los medios de comunicación diciendo que era el momento de comprar, que comprar una vivienda era la mejor inversión o que la vivienda nunca bajaba.No es que el Gobierno haya dejado hacer al mercado hipotecario, es que ha intervenido activamente para potenciar el acceso a la vivienda a través de la hipoteca. A veces era más fácil hipotecarse que alquilar un piso, como en el caso de la población inmigrante, contra la que había un racismo brutal en el alquiler, mientras que con los bancos, desde el momento en que decidieron que en el crédito inmobiliario estaba el negocio, todo eran facilidades. Eso de que la gente se volviera loca, de que los españoles querían ser propietarios, vivir por encima de sus posibilidades, es mentira. En los años 50 más de la mitad de la población vivía en régimen de alquiler, y si en pocas décadas se ha experimentado un cambio tan dramático es porque ha habido unas políticas muy agresivas que han impulsado ese cambio.

Por otro lado, las dos partes firmantes del contrato no son iguales. Son contratos de adhesión, donde una parte marca todas las condiciones, y tú o lo firmas o no lo firmas. El banco tiene toda la información y tú, que eres panadero, mecánico, o lo que sea, se supone que tienes que tener un máster en economía o en derecho para hacer algo tan básico como es acceder a una vivienda que, recordemos, no es un capricho sino un bien de primera necesidad. Entonces, te encuentras con que, para acceder a algo que es un derecho, tienes que firmar un contrato hipotecario, que está escrito en un lenguaje totalmente incomprensible, seguramente de forma expresa, y que todas las condiciones las dicta la parte fuerte, que es quien tiene toda la información, quien tiene economistas, abogados y conoce las tendencias de los mercados internacionales. Hay que recordar cómo se dieron estos contratos en la época de la burbuja.

Si comprabas ladrillo todo eran ventajas…

Todo el mundo relata lo mismo, ibas al notario y te leía de forma rápida una parte del contrato. La gente no se enteraba de nada, pero el banco te decía: “o lo coges ahora o si no va a venir otro y se lo vendo”. Parecía que habías perdido una oportunidad por cada día que pasaba. Lo más increíble es que cuando todo esto estalla, la parte fuerte, que es el banco, no tiene que asumir ningún tipo de responsabilidad, sino que la única recae en la parte más débil. La persona hizo eso porque necesitaba una vivienda, no quería un bien de lujo. La gente normal es la única que ha pagado la responsabilidad de la locura de la burbuja.

¿Por qué se han permitido entonces esos contratos?

Ha habido una estafa generalizada. Esa parte fuerte se ha enriquecido -mobiliarias, bancos, promotoras, constructoras, tasadoras, notarios…-, han hecho miles de millones de beneficios, mientras que la otra parte ha perdido todo para siempre. No es sólo cuestión de responsabilidades, sino de quién ha salido ganando y quién perdiendo. Es el negocio del siglo. Durante los años de la burbuja, la gente ha pagado intereses. Más tarde, cuando la cosa va mal, no sólo se te acumulan las cuotas que no puedes pagar, sino que te empiezan a cobrar los intereses, que son abusivos. Inmediatamente la deuda empieza a crecer y cuando llega el momento de la subasta puede darse el caso de que la deuda sea igual al momento inicial, tras los años que has pagado.

Los intereses de demora son elevadísimos. Si a esto le sumas los costes judiciales, la gente al final se encuentra con deudas inmensas. Es un delirio. Hay gente que ha pagado decenas de miles de euros pagando cuotas altas porque hubo el problema de la subida del Euribor. Tras pagar miles de euros, se queda sin casa y con una deuda igual que la inicial que además vuelve a generar nuevos intereses.

¿Qué le queda a una persona desahuciada?

Normalmente, el deudor es deudor de por vida. Aunque trabaje veinticuatro horas al día jamás va a pagar esa deuda. Es la forma de extorsión y de esclavitud perfecta. El banco se queda con todo lo que ha ingresado, con la vivienda a un precio ridículo, la cual inmediatamente puede poner en el mercado más cara -de hecho lo hacen a menudo-, y encima a ti te siguen reclamando el cobro de la deuda. Es la versión contemporánea de la esclavitud.

Publicado originalmente en Público.es

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